La micromovilidad y la ciudad de los 15 minutos

Tal y como reflexionábamos en artículos anteriores, el vehículo personal y el transporte urbano son el núcleo de la configuración de las ciudades. Las principales ciudades del mundo se han desarrollado alrededor del automóvil y esto ha provocado un aumento de la congestión y la contaminación, la expansión urbana y un alejamiento del uso del transporte público.

La micromovilidad

Hoy en día estamos viviendo una revolución en el transporte urbano en el mundo: la micromovilidad. La mayoría de los habitantes de ciudades ya han visto la explosión de bicicletas y patinetes eléctricos y esto está rehaciendo el paisaje urbano.

La micromovilidad se refiere al transporte de corta distancia, generalmente menos de 10 kilómetros en los que los vehículos de movilidad personal toman el protagonismo. Con el aumento de la urbanización, la mayoría de los viajes que las personas realizan pertenecen a la categoría de micromovilidad y, por lo tanto, son los principales candidatos para el uso de bicicletas y los patinetes eléctricos. En los EE. UU., por ejemplo, aproximadamente el 60% de todos los viajes son de menos de 10 kilómetros.

Los vehículos de micromovilidad pueden resolver algunos de los problemas que afrontan las ciudades porque reducen la cantidad de automóviles en la carretera, reducen nuestra huella ambiental, aumentan el acceso al transporte público y brindan métodos de transporte convenientes para viajes cortos, todo mientras son económicamente más rentables que los vehículos tradicionales.

Analizando el impacto ambiental, los patinetes eléctricos, por ejemplo, son más eficientes que otros modos de transporte. Según un estudio de Levi Tilleman y Lassor Feasaley, un kilovatio hora de energía hace que un automóvil a gasolina recorra solo algo más de 1 kilómetro; mientras que un vehículo eléctrico puede viajar en torno a los 6,5 kilómetros; y un patinete eléctrico puede pasar fácilmente los 200 kilómetros utilizando la misma cantidad de energía. Y, en lo relacionado con la congestión de las ciudades, se estima que por cada vehículo disponible para un servicio de movilidad compartido se “retiran” o “evitan” entre 5 y 10 vehículos particulares.

Crédito: LEVI TILLEMANN / LASSOR FEASLEY. Wired.com

En lo referente a la mejora del acceso al transporte público, según la consultora 6t, en torno al 25% de los trayectos que se realizan con patinetes o bicicletas son para desplazarse a paradas o estaciones de otros medios de transporte público, y alrededor del 70% de los usuarios de estos transportes también están abonados a servicios de transporte público. Estos vehículos permiten la intermodalidad y la denominada movilidad del último kilómetro. Si consideramos que el transporte público es parte de la solución, será necesario establecer estrategias para que los distintos medios de transportes sean compatibles, complementarios y de fácil acceso entre ellos.

Desde el punto de vista económico, alquilar una bicicleta o un patinete eléctrico es mucho más económico que tener un automóvil o tomar un taxi hasta un destino; y, además, estos vehículos ocupan mucho menos espacio.

Además, en la situación actual de pandemia por la COVID19, las bicicletas y los patinetes eléctricos suponen métodos de transporte más seguros que el transporte público colectivo, porque se evitan aglomeraciones, tiene menos puntos de contacto compartido, permite el control sobre el distanciamiento social y supone un tránsito al aire libre.

Freefloating

Si analizamos los servicios para el alquiler de bicicletas y patinetes eléctricos existentes en las ciudades, podemos distinguir dos tipos: los servicios que disponen de paradas para el estacionamiento de estos vehículos y los que no las tienen, también denominados servicios de “freefloating”.

Los sistemas basados en estaciones suelen estar gestionadas o subvencionadas por los operadores públicos. Estos servicios permiten un mayor orden en la ocupación del espacio público, pero requiere una mayor inversión y reduce el acceso de los ciudadanos a estos servicios por ser muy rígidos los lugares en los que se puede tomar un vehículo y porque es menos flexible en los trayectos que permite.

El freefloating de bicicletas y patinetes eléctricos aumenta el acceso de todos los ciudadanos a estos servicios, ofrece una flexibilidad total porque permite los trayectos puerta a puerta y una reducción de la inversión pública, pero tiene como principal problema la ocupación desordenada de los espacios públicos.

El descontrol en el estacionamiento de los vehículos en freefloating es un problema colectivo, para usuarios de la vía pública (peatones principalmente) y por lo tanto para las autoridades locales, y es una de las mayores críticas a este tipo de movilidad. Para evitar este efecto negativo y que el uso de micromovilidades entorpezca el tránsito por las vías públicas y estropee la imagen de las ciudades, la reacción más común es la regulación de estos servicios.

La competencia para regular estos servicios depende de las administraciones locales y cada una de las ciudades está desarrollando sus propias normativas para tratar de encontrar las mejores condiciones para todas las partes implicadas: usuarios, operadores y autoridades locales. Algunas ciudades han prohibido aparcar las bicicletas y los patinetes en la acera de manera desordenada, estableciendo que será obligatorio estacionarlos en plazas dedicadas para ellos o con cierto orden en la acera.

Las ciudades están lanzando licitaciones públicas para regular las compañías que pueden ofrecer estos servicios en sus calles y es común firmar contratos con los compromisos que deben cumplir las empresas que ofrecen estos servicios. Los compromisos suelen estar relacionados con asegurar la calidad de los materiales de los que se componen los vehículos (seguridad, respeto de la normativa), el respeto de la confidencialidad usuarios, el compromiso por evitar la concentración de vehículos en la vía pública, promover prácticas de estacionamiento no molestas, la promoción del diálogo entre las partes mediante reuniones periódicas, la recogida de los vehículos en determinada franja horaria (normalmente de 22h a 5h), el pago de una tasa por parte del operador o el límite de la flota de vehículos.

Según estudio de la consultora McKinsey, la micromovilidad está generando una gran oportunidad de mercado que está en expansión. Los datos que presenta es que el mercado mundial de la micromovilidad podría tener un valor unos 500.000 millones de euros.

Estados Unidos fue el primer país en ver la aparición de patinetes eléctricos sin estaciones en las calles de la ciudad. En septiembre de 2017, la empresa Bird colocó cientos de sus patinetes a las calles de Santa Mónica, California. Al igual que en los primeros días de la aparición de empresas de transporte compartido como Uber y Lyft, hubo una reacción contraria tanto de los ciudadanos como de la administración pública de la ciudad. Sin embargo, esta primera reacción ha ido cambiando y según una encuesta de 2018 de la empresa Statista, alrededor del 70% de los estadounidenses que viven en las principales áreas urbanas ven los patinetes eléctricos de manera positiva.

Debido al potencial de mercado, son muchas las empresas que están invirtiendo en este sector, tanto startups de nueva creación como “Lime” (fundada en 2017, actualmente es líder mundial con una valoración de 2.400 millones de dólares), como empresas fabricantes de vehículos tradicionales como Ford o SEAT; o nuevas empresas de transporte compartido como Uber o Lyft. Por ejemplo, el CEO de Uber ha declarado que es muy optimista con respecto a los vehículos de movilidad personal, como los patinetes electrónicos, con la esperanza de que menos personas posean automóviles a medida que pasa el tiempo. “Durante las horas pico, es muy ineficiente que una tonelada de metal lleve a una persona 10 manzanas o cuadras”, dijo el CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, en una entrevista.

La ciudad de los 15 minutos

Por último, existe una última tendencia urbanística que empieza a ser promovida por los administradores públicos de las ciudades: “la ciudad de los 15 minutos”. La idea de los “15 minutos” desarrollado por el profesor Carlos Moreno de la Universidad de la Sorbona en París se basa en que las necesidades diarias de los ciudadanos deben estar a un alcance de 15 minutos a pie o en bicicleta desde sus hogares. Estas necesidades incluyen el trabajo, las tiendas, el entretenimiento, la educación y la atención médica. Tal y como explica el autor al periódico Financial Times, “para lograr este objetivo necesitaremos desarrollar edificios multipropósito. Por ejemplo, podríamos usar una escuela para otras actividades durante el fin de semana. También queremos edificios que combinen lugares para vivir y trabajar al mismo tiempo; esto reduce el tiempo de desplazamiento. Necesitamos reducir la presencia de coches en las calles”. Estos conceptos ya se están implementando en las políticas urbanísticas de ciudades como París, Milán, Portland o Melbourne.

Créditos: Paris in Common

Con las ciudades presionadas para resolver su crisis de transporte, la cada vez mayor preocupación por el cambio climático y la implementación de estrategias urbanas como “la ciudad de los 15 minutos”, la micromovilidad seguirá en claro crecimiento.

En los próximos años las políticas urbanísticas deberán considerar la micromovilidad, en combinación con el transporte público actual, como una estrategia para mejorar las condiciones de vida en las ciudades y la reducción del impacto de la actividad humana en el medio ambiente.

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